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La Manta Viviente, Una leyenda del mañana
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La Manta Viviente

Una leyenda del mañana

Había una vez un vasto mundo en los confines del universo.


La vida se había instalado sobre innombrables formas en los inmensos paisajes de esa tierra fecunda.Con el paso del tiempo, una de las especies dominó a las demás.

Esta especie viviente, se autoproclamó “seres humanos”, que significaba “criaturas nacidas de la tierra” en oposición a los dioses que eran celestiales. El orden de las cosas, al principio, cambió de manera imperceptible, pero después el cambio fue mucho más acelerado.


Los humanos sometieron a las otras especies. Adaptaron el entorno a su propia visión del mundo y se olvidaron que ellos también provenían de esta tierra sobre la cual vivían. Sin contacto con sus orígenes terrestres, los humanos estaban perdiendo su relación con lo etéreo, con las fuerzas indispensables de un mundo que consideraban como su propiedad.



Se pusieron a adorar objetos por los cuales eran capaces de toda forma de violencia para obtenerlos. Y así sembraron la destrucción alrededor de ellos para alimentar las exigencias del culto a las “Máquinas Objetos”. Abrieron la tierra para sacarle sus entrañas, Envenenaron el agua y el aire, exterminaron numerosas especies vivientes....
Llego el momento donde el principio mismo de vida en esa tierra, antes fértil y amada, se encontró amenazado. Pero estos humanos, obnubilados por su propio frenesí, no quisieron ver ni comprender los signos que, en tanto que matriz de vida, la tierra les enviaba.
La especie humana era entonces muy fuerte y numerosa, millares de bocas ávidas buscaban arrancarse pedazos de ese precioso planeta para obtener un provecho efímero.
En algún sitio, las mujeres empezaron a murmurar entre ellas; se daban cuenta que, en el “Orden Nuevo” puesto en lugar por el género humano, había un instinto mortífero.
Ellas también se habían sometido y habían creído a la dominación del ser humano bajo la ley de la Naturaleza, pero no podían soportar más ver que
...los ojos de sus hijos estaban vacíos.
En la mirada de los niños, esos ancestros del futuro, leían la condena de la especie, como ultima herencia de una civilización que había puesto al Sujeto al servicio del Objeto.
Se acordaron entonces de su naturaleza mágica, se acordaron que, en viejos tiempos, las mujeres se comunicaban con las fuerzas de la vida y que ellas mismas eran las portadoras. De una antigua memoria sumergida por el condicionamiento instalado por el “Orden Nuevo”, remontaron los mitos de los Orígenes.
Descubrieron entonces al mundo bajo una mirada nueva, una mirada que venia del pasado y que se volcaba hacia el futuro. Y todo tomo una dimensión peligrosamente absurda.
¡Cuanta ingeniosidad y cuanta obstinación para acabar en ese paisaje saqueado donde la flor muere y el pájaro no trina…!
Trataron de alertar a su alrededor a otros miembros de la especie, pero todos estaban tan ocupados a sobrevivir a la ley del más fuerte, que nadie levanto la mirada de su reloj, de su pantalla, de su video y otros apéndices tecnológicos sin los cuales creían caer en el vació de la nada. Enceguecidos por la urgencia, nadie discernía más lo esencial.
Las mujeres hicieron entonces un conciliábulo y decidieron enviar una mensajera a consultar el espíritu de una vieja Diosa Madre que vivía, se decía, cerca de una montaña sagrada.

La mensajera recorrió un largo camino hacia dicha montaña.



Pero, como dirigirse hacia la diosa Madre?
Existía ella realmente?
Qué creer en esos tiempos tan perturbados?
A ella le parecía, por momentos, sentir fuerzas oscuras agitarse en su alma pero le habían enseñado, como a todos, que el alma no existía.
La mensajera hizo un alto en un paso, entre dos colinas que coronaban la montaña, hizo una hoguera, se sentó cerca de las llamas, preparó sus ofrendas y esperó. Pasaron cuatro noches sin que nada se produjese.
Desesperada, a la quinta noche alumbro la hoguera, hizo la ofrenda con su última gota de vino, su último pedazo de pan e invoco a la Diosa Madre.
Hubo un temblor en las llamas y recibió este mensaje:

“Es la mano que permite a la conciencia de abrirse, reencuentren el poder de vuestras manos.
Un camino se presentará entonces a ustedes y las guiará fuera de las tinieblas que han invadido al mundo”

La mensajera volvió hacia sus compañeras.
Las demás la interrogaron:
Ninguna se servia más de sus manos, las maquinas hacían todo.
Los que estaban a cargo de la creación eran especialistas designados por el “Orden Nuevo” nadie más estaba habilitado para crear.
La discusión duro mucho tiempo, hasta que una anciana intervino:

“Hijas mías, déjense de hablar y pónganse a trabajar,
me acuerdo que en un tiempo nos servíamos de nuestras manos todos los días,
hilábamos, tejíamos, cocíamos.
La mano es el mejor útil que existe.
Todas tenemos manos, tenemos entonces los mejores útiles que existen
Hilemos, cosamos, tejamos lo que queda en nuestros corazones y mostrémoslo al mundo”


Es así que se pusieron a hacer cada una de ellas UN cuadrado de tela, en el cual pusieron su fe y su esperanza.

Decidieron de cocer los cuadrados los unos con los otros.

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Pronto el rumor se expandió a través de todas las tierras y cuadrados de tela llegaron de todos lados como la afirmación de una conciencia común. Reunidos, los cuadrados de tela formaron una inmensa manta, la más grande que haya existido jamás y esas telas tornasoladas hablaban sobre la fuerza de vida arrancada a la miseria de ese mundo moribundo.
La manta llena de tanta esperanza y alimentada del poder de las manos que le habían dado vida se puso en movimiento.
Los guardianes de la memoria y de la paz comprendieron que adonde la manta fuera, llevaría esa fuerza de vida. Seria la manta que cubriría los ríos, abrigando las comunidades, protegiendo los bosques, llevando calor y consuelo allí donde reinen divisiones e indiferencia.
En su recorrido brotarían nuevas alternativas, los seres humanos, encontrando su poder de creación encontrarían soluciones para alimentar, vestir, celebrar, educar y curar respetando todas las formas de vida.

La formidable energía, puesta en marcha por esta creación colectiva, ponía de repente en evidencia una comunidad de destinos donde la supervivencia estaba tejida en la manifestación de una conciencia universal.

La manta era infinita, no dejaba de crecer, estandarte gigantescode millares de seres humanoscaminando hacia la alegríasimple de SER

Para tejer el mañana con maña...
Deuxième version Para con maña, tejer el mañana…

 
 
 
 

 
 
 
 
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